El Estado Islámico, en retirada

26 Ago 2016

Por: Víctor de Currea Lugo

Desde comienzos de 2015, el grupo yihadista ha perdido territorio de su califato. Eliminarlo debe pasar también por comprender su origen.

Militantes del Estado Islámico.AFP

El Estado Islámico creció como palma, pero, a pesar de las noticias de sus derrotas, no está cayendo como coco. El también llamado Daesh no ha logrado consolidar un frente de guerra estático sino que todas sus fronteras son objeto de ataque y su supervivencia dependerá de la audacia militar para generar una nueva coyuntura, porque la guerra de desgaste lo está mellando.

A comienzos de 2015, el Estado Islámico perdió la ciudad de Kobane, en Siria, recuperada por las milicias kurdas luego de una muy dura batalla de varios meses en la que los islamistas llegaron a controlar el 60 % de la ciudad. Fue la primera de una serie de grandes derrotas. Al mismo tiempo, los radicales islamistas del Daesh eran expulsados de la región de Diyala, en el oriente de Irak, por parte de las milicias chiíes y de tropas iraquíes.

En diciembre de 2015 cayó la ciudad de Ramadi, ubicada 100 kilómetros al oeste de Bagdad. Y en junio de 2016 se vivió la toma de Faluya y de varias zonas de la provincia de Anbar por parte del ejército de Irak y las milicias chiíes. La pérdida de estas dos ciudades representa un grave revés para los islamistas, que intentaban aproximarse a la capital de Irak, Bagdad. Además, es la pérdida de dos ciudades del llamado “triángulo suní”, donde el Daesh tendría un mayor apoyo de la población.

En abril de este año, al sur de Siria, la ciudad de Palmira fue recuperada por el ejército, al expulsar a los radicales del Daesh. Y hace dos semanas, la ciudad de Manbij, en el norte, fue rescatada de las manos del Estado Islámico por las Fuerzas Democráticas Sirias, una coalición de rebeldes creada en diciembre de 2015 y que recoge grupos opuestos al gobierno sirio y también a los radicales islamistas. Con esto, el Daesh perdió una importante línea de aprovisionamiento para su capital en Siria: Raqqa. Al caer Palmira y Manbij, el espacio de control del Estado Islámico en suelo sirio se reduce tanto en el sur como en el norte.

Y hace pocos días, una coalición de fuerzas kurdas e iraquíes logró recuperar cuatro pueblos cercanos a Mosul: una ciudad del norte de Irak, uno de los bastiones del Estado Islámico y la ciudad más grande bajo su control. Todo apunta hacia Mosul, pero su liberación no será fácil. Esta ciudad, originalmente de dos millones de habitantes, podría tener todavía la mitad de su población allí. Es una zona estratégica para el Estado Islámico, uno de sus sitios centrales para el ensayo de su propuesta de califato, centro de cobro de impuestos y de reclutamiento.

La verdad es que desde julio de 2014, estando en el norte de Irak, los enemigos del Estado Islámico nos anunciaban el “inminente” ataque a la ciudad de Mosul, sin que se haya producido el esperado asalto hasta el día de hoy. Sin embargo, luego de los retrocesos del Daesh en el sur de Irak, la madurez militar de sus enemigos y los avances en las cercanías de Mosul, hay lugar para el optimismo. Pero una cosa será atacar la ciudad y otra recuperarla.

En Mosul, el apoyo de parte de la población al Estado Islámico es real y parte de las comunidades suníes verían al ejército iraquí como tropas invasoras. Recuerdo que en Irak solían llamarlas “el ejército de Maliki”, en alusión al antiguo primer ministro, chií, acusado de perseguir comunidades suníes. Es decir, el ejército de Irak no es percibido como una institución nacional sino como un grupo armado al servicio del poder central de Bagdad y de las agendas chiíes.

Además, una vez caiga Mosul, tanto los kurdos como el gobierno central de Irak tratarán de quedarse con su control, reviviendo las tensiones históricas entre Bagdad y el norte del país. Incluso, una vez resuelto eso, es esperable que el Estado Islámico siga actuando mediante sabotajes a la infraestructura y actos de terrorismo, en una ciudad que muy difícilmente podrían controlar las fuerzas kurdo-iraquíes, una vez recuperada.

En todo caso, el problema de la exclusión de suníes, el apoyo local de ciertas zonas al radicalismo islámico, las tensiones entre Bagdad y el norte kurdo y la dura guerra civil siria son problemas que van más allá de la existencia del Estado Islámico. Su derrota es necesaria, sin duda, pero no suficiente para desmadejar el conflicto en la región.

El Estado Islámico no es sólo una propuesta militar, ni sus combatientes fruto del reclutamiento forzado. Su construcción va más allá de cortar cabezas y poner bombas. Por tanto, no basta con neutralizar sus milicias si no se miran con detenimiento las causas que lo originaron, entre ellas la exclusión política y social de algunas comunidades, la falta de democracia real en la región (no la democracia made in USA) y la presencia perjudicial de las potencias en Oriente Medio.

* Ph.D. y profesor Universidad Nacional de Colombia.