Israel y Donald Trump

Apartes del libro: “Palestina, al derecho”, de Víctor de Currea-Lugo, recién publicado por la editorial Ántropos, con el apoyo de la Misión Diplomática de Palestina en Colombia

Por:  Mayo 10, 2017

 

La llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos ha significado un cambio en la política mundial, particularmente para Oriente Medio. Washington vuelve a seguir la política de Tel Aviv (si acaso algún día dejó de hacerlo), a enemistarse con Irán, a priorizar la salida militar sobre la diplomática en el caso de Siria y, en términos generales, a reforzar la angosta visión de la llamada guerra contra el terror.

En el caso palestino, los asesores nombrados, las promesas cuando era solo candidato y la cercanía con Benjamín Netanyahu, se refleja en la postura de Estados Unidos de los ejes centrales del conflicto.

Trump apoya la expansión de Israel mediante la creación de más asentamientos; promete el traslado de la embajada de Estados Unidos de Tel Aviv (que es la capital de Israel) a Jerusalén (ciudad con estatuto internacional que no es capital de país alguno); no hace mención alguna al tema de refugiados, y se ha inclinado en contra de mantener la propuesta árabe de “Dos Estados”, que hizo carrera en el mundo diplomático.

En rigor, no hay un cambio sustancial de la política de Estados Unidos en relación con el conflicto palestino-israelí, sino un paso más en la misma dirección. La única diferencia es que Trump ha dado muestras de querer de verdad implementar lo que promete: leyes anti-migratorias, medidas xenófobas, el muro en la frontera con México. Y eso lo sabe bien Israel.

A los pocos días de la posesión de Trump, Israel aprobó 566 viviendas en Jerusalén del Este, insistió en su vocación de “Estado judío” y recordó sus pretensiones sobre el Valle del río Jordan. En la primera reunión entre Trump y Netanyahu, los temas fueron Palestina, Siria e Irán; resaltando el alejamiento a la propuesta de “Dos Estados”.

La renuncia a la propuesta de “Dos Estados” es lo más llamativo de Trump, teniendo en cuenta la legitimidad internacional de dicha propuesta, giro que ha sido rechazado tanto por la Autoridad Palestina, así como por la ONU.

Trump además criticó que los palestinos “instiguen a sus niños a odiar a Israel” y los presionó a que aceptan a Israel como “Estado judío”. Pero fue más allá, amenazando a la OLP con su expulsión de suelo estadounidense “si el gobierno Palestino busca demandar a Israel (o a cualquier ciudadano israelí vinculado con crímenes de guerra) en las cortes internacionales”.

El nombramiento de David Friedman como embajador de Estados Unidos ante Tel Aviv ratifica las promesas de Trump. Friedman es partidario de la relocalización de la embajada estadounidense y apoya los asentamientos. De hecho, ha hecho donaciones para expandir Israel en los últimos 20 años.

Pero la solución de un único Estado tampoco ofrecería tranquilidad a Israel, quien tendría, por lo menos, dos opciones contrarias a su deseo de anexión territorial: a) dar, en el nuevo Estado, igualdad de derechos a los palestinos, con lo cual su peso demográfico y político obligaría a Israel a reconocer derechos que no quiere otorgar, además de poner en peligro su vocación de “Estado judío”; y b) establecer un Estado con dos regímenes de “ciudadanía”, repitiendo el modelo de Apartheid que tuvo Sudáfrica y del cual ya Israel ha implementado mucho. En ambos casos, se pone en evidencia que la democracia es, para Israel, una amenaza.

@DeCurreaLugo

 

Fuente:https://www.las2orillas.co/israel-donald-trump/