La nueva guerra de Crimea

3 Mar 2014

Por: Víctor de Currea-Lugo

 

En 1854, Crimea fue invadida por británicos, franceses y otomanos para atacar la armada rusa que sufrió una derrota estrepitosa.

Hoy, 160 años después, Rusia ocupa Crimea, ahora región autónoma de Ucrania. En el siglo XVIII Ucrania fue incorporada al imperio ruso y de 1922 a 1991 fue parte de la Unión Soviética. En 1954 Crimea fue cedida por Rusia a Ucrania. En ese entonces nadie imaginaba la disolución de la Unión Soviética y a quién perteneciera Crimea era más una cosa simbólica.

Ucrania es importante para Rusia por vínculos históricos, por la comunidad rusa que vive allí —especialmente en Crimea– y por el paso de hidrocarburos rusos hacia Europa. Rusia es el primer socio comercial de Ucrania y uno de sus proveedores de hidrocarburos. Además cuentan las inversiones del turismo ruso en Ucrania y la presencia de trabajadores ucranianos allí.

La importancia militar de Crimea radica en que los rusos tienen bases navales desde mucho antes de la caída del imperio otomano. Luego del fin de la Unión Soviética, Kiev y Moscú acordaron en 1997 el arriendo de la base de Sebastopol como sede de la flota rusa del mar Negro (y 77 instalaciones más) hasta 2017. En 2010 se firmó otro acuerdo arrendando dicha base por 25 años a cambio de gas.

Con posterioridad a la disolución de la URSS, hubo varias formaciones políticas de Crimea que levantaron la bandera del regreso a Rusia. Finalmente se acordó que Crimea pertenecería a Ucrania bajo un régimen de autonomía. Las recientes revueltas en Ucrania llevaron al poder a un gobierno antirruso. Por eso Putin no lo reconoció y no dudó en el uso de la fuerza.

Rusia sigue pisando fuerte. Su lógica expansionista es una parte de su política exterior, desde Catalina La Grande hasta Putin, pasando por Nicolás I y Stalin. La protección de sus fronteras va más allá de su geografía hasta donde hayan rusoparlantes y hasta donde estén sus “esferas de interés”, sea la base militar de Tartus en Siria o Moldavia.

La guerra de Georgia reposicionó a Rusia en el Cáucaso del Sur y el control de Crimea ratifica el poderío ruso en el mar Negro. Ucrania está sola y nada indica que los franceses y los ingleses vengan en su ayuda como hace 160 años. Rusia no está dispuesta a repetir la derrota de 1854, porque en la conciencia de su sociedad Crimea es parte de Rusia. La suerte está echada y, como en Georgia, Putin tiene claras sus prioridades.

 

Fuente:https://www.elespectador.com/opinion/la-nueva-guerra-de-crimea-columna-478540