Las discusiones perdidas

Por: Víctor de Currea-Lugo Abril 06, 2016

Hay debates que nacen muertos porque la nula seriedad de los argumentos solo da para huir o quedarse callado. He aquí algunas muestras

Hay debates que nacen muertos porque la seriedad de los argumentos presentados es nula y cualquier cosa que se diga solo lleva al fracaso de la conversación. Hablando con una fanática de Álvaro Uribe sobre un informe de la Universidad Nacional (que afirma que la industria colombiana no ha creado un solo empleo permanente en los últimos 14 años), ella dijo que lo que pasa es que a los pobres no les gusta estar contratados para evadir impuestos; ella misma me había dicho ante el informe de sindicalistas asesinados en Colombia, que el problema es que los sindicatos piensan en los derechos de los trabajadores y no en defender sus empresas (tres veces sic!).

Con la misma “lógica”, decía una israelí cuando le preguntaban por la propuesta de dividir Jerusalén dando una parte a los árabes y otra a los judíos que eso era como dividir Paris y darle la mitad a Bin Laden. Es tan torpe esta respuesta que tocaría explicar demasiadas cosas para que la persona en cuestión entienda que así no se puede razonar porque lo que dijo no es para nada razonable. Esos comentarios dejan sin piso al mejor académico del mundo (que no soy yo) y cualquier posibilidad de discusión es tiempo perdido, es literalmente echarles margaritas a los cerdos. Sobre el conflicto palestino-israelí el director de cine David Lynch propuso que él puede resolver el problema del Medio Oriente con “250 maestros de meditación trascendental”, otra salida lejos de cualquier análisis mínimamente decente.

Pero la cosa es más frecuente de lo que se piensa: Montoya dijo que Schumacher y Raikkonen y hasta Alonso iban a estar celosos de él porque se iba de la Fórmula 1 a la fórmula Nascar; Juan Manuel Santos, el mismo que dijo que Colombia necesitaba un Fujimori pero “democrático” sostuvo que las “Farc son las más grandes contribuyentes al calentamiento global”.

Francisco Santos dijo que las Farc tienen armas de destrucción masiva (!)  Y a finales de 2008, el entonces ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla, dijo que “el salario mínimo en Colombia es un chiste, ridículamente alto, que debe ser reducido”.

 

George Bush dijo, entre otras ya famosas expresiones, que “los hombres y los peces podemos vivir en paz”

 

Pero esas formas de “análisis” no son propiedad de los colombianos. George Bush dijo, entre otras ya famosas expresiones, que “los hombres y los peces podemos vivir en paz”. En Estados Unidos, luego de la masacre en la Universidad de Virginia por un estudiante armado, varios concluyeron que si hubiera habido otro estudiante armado éste habría matado al asesino con lo cual está bien portar armas en la Universidad.

Mariano Rajoy, líder de la derecha española también tiene sus contribuciones: “una persona normal es la que trabaja, tiene una familia, paga sus impuestos… lo que se considera normal”. Y José María Aznar dijo que “Pinochet me parece un personaje que pertenece a la historia de Chile y a su modelo de transición política”. La esposa de Aznar, Ana Botella, sostuvo que la polución en Madrid es por partículas contaminantes que “han llegado de África”. Volviendo a Pinochet, él mismo definió su gobierno así: “Esto no fue nunca dictadura, le digo que esto es una dictablanda”. Y el presidente de Irán dijo que “no hay homosexuales en Irán”.

En el campo de la salud la cosa no es mejor: un concejal de Bogotá que dijo que los condones vuelvan a las personas adictas al sexo; un obispo de Mozambique acusó a los productores de condones de infectarlos con el virus del sida para esparcir la enfermedad en África; el gobierno de Nigeria rechazó la vacuna contra la polio diciendo que producía esterilidad, incluso contradiciendo su propio panel de expertos; el presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, después de tener relaciones sexuales sin protección con una mujer contaminada con VIH, dijo que sí había tomado precauciones como ducharse después del acto sexual.

 

Álvaro Uribe dijo en el Congreso que “el paramilitarismo ya se acabó en el país (…) no existe  ni como grupo para combatir a la guerrilla, ni como mezcla ilegal con la Fuerza Pública”

 

Álvaro Uribe (definido por su asesor principal como un ser de “inteligencia superior”) dijo en el Congreso que “el paramilitarismo ya se acabó en el país (…) no existe ni como grupo para combatir a la guerrilla, ni como mezcla ilegal con la Fuerza Pública” y luego pidió no votar por los candidatos del paramilitarismo que supuestamente no existía; en la misma línea años antes había prohibido a sus embajadas que dijeran conflicto armado y desplazados y crisis humanitaria, pero a renglón seguido pedía pedir dinero a los otros gobiernos para la crisis de desplazados del conflicto que no existe.

Uribe antes había dicho que “tenemos una democracia antigua, respetable, todos los días más profunda”, y que “el terrorismo es la causa principal de la desigualdad en Colombia”. Tal vez la más memorable de su doble moral fue la frase que soltó cuando empezó el paraescándalo: “le voy a pedir a todos los congresistas que nos han apoyado, que mientras no estén en la cárcel, (vayan) a votar las transferencias, a votar la capitalización de (la compañía petrolera) Ecopetrol, a votar la reforma tributaria”.

Luis Carlos Villegas, como presidente de la Asociación Nacional de Industriales (Andi), dijo que un obrero colombiano tiene más capacidad de compra que un obrero de los Estados Unidos y lo dijo en Estados Unidos; el general Bedoya dijo que casi captura al mismísimo Che Guevara en Bogotá quien buscaba contactar las Farc que todavía no habían sido creadas; Luis Camilo Osorio, como Fiscal General de la Nación dijo que “los derechos humanos son muy importantes para los colombianos y para los humanos del mundo entero”; y de leyenda las del expresidente Julio Cesar Turbay durante los consejos de guerra cuando dijo que “el único preso político soy yo” que los presos se autotorturaban para acusar a las Fuerzas Armadas o que había que reducir la corrupción “a sus justas proporciones”.

La Iglesia católica no se salva: durante un viaje a Camerún y Angola, el papa anterior execró contra el uso de los preservativos porque, dijo, “no sólo no solucionan el problema del sida, sino que lo agravan todavía más”. El Parlamento belga pidió entonces, por mayoría, a su Gobierno que condenase esas declaraciones y expresase una protesta formal al Vaticano, de Estado a Estado. Un cardenal felicitó en 2001 a un obispo por ocultar un caso de pederastia: “estoy encantado de tener un compañero que habría preferido la cárcel antes que denunciar a un sacerdote”, decía en una carta el colombiano Darío Castrillón.

El cardenal Tarcisio Bertone, ha asegurado que los casos de pedofilia destapados en el seno de la Iglesia no tienen que ver con el celibato al que están sometidos los sacerdotes. En cambio, ha vinculado este tipo de acciones con la homosexualidad. El secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone, relacionó la pederastia con la homosexualidad: “muchos psicólogos y muchos psiquiatras han demostrado que no hay relación entre celibato y pedofilia, pero muchos otros han demostrado, me han dicho recientemente, que hay relación entre homosexualidad y pedofilia”.

En Colombia la falta de dimensión de la historia universal es tan grande que muchos se refieren a los hechos del Palacio de Justicia de 1985 como el “Holocausto” (palabra que significa “completamente quemado”) cuando es un nombre usado universalmente para denominar específicamente el genocidio nazi contra judíos, gitanos y homosexuales, entre otros. En el mismo sentido desde Uribe sostuvieron que las condiciones a las que son sometidas las personas secuestradas en Colombia “son peores que las de los campos de concentración nazi”; es indudable que las condiciones de los secuestrados por las Farc eran terribles y totalmente condenables, incluso por el solo hecho de estar privados de su libertad así fuese en “aceptables” condiciones, pero comparar eso con los campos nazi es no tener idea de la dimensión de lo que fueron tales sitios ni de su significación política, ideológica y simbólica.

¿Qué se puede hacer ante esos comentarios? Huir o quedarse callado porque cualquier intento de razonar será en vano. La idea volteriana de “no estoy de acuerdo con lo que dices pero daría hasta mi última gota de sangre para que puedas decirlo”, que fue dicha antes de que ciertos políticos hablaran y de que existiera Twitter.

@DeCurreaLugo

Fuente: https://www.las2orillas.co/las-discusiones-perdidas/