Cómo apoyar al personal de salud, más allá del aplauso

Víctor de Currea-Lugo | 21 de marzo de 2020

Tengamos muy presente que el personal salud es el que va a enfrentar directamente al virus y debe estar cuidado y protegido para lograrlo, es la mejor arma con la que cuenta la humanidad para salir adelante ante la pandemia. Por eso, al comienzo de la crisis propusimos, con unos colegas, un aplauso al personal de salud, de gratitud por su labor. Pero hoy pienso que hay otras cosas que las autoridades pueden hacer para que ellos nos sigan protegiendo.

Tanto la sociedad como las instituciones son conscientes de la importancia de la bioseguridad de los trabajadores de la salud, y eso implica medidas extremas. En el caso de China, se usaron trajes especiales, pero aquí en Colombia desafortunadamente no hay ni siquiera un acceso adecuado a tapabocas estándares.

Es necesario que el Gobierno asuma tal responsabilidad. Algunas EPS que le han dicho al personal de salud que fabriquen sus propios tapabocas, cuando lo fundamental es, sin pérdida de tiempo, que las EPS asuman con toda la responsabilidad la dotación absoluta de bioseguridad, lo que implica: gafas, ropa de trabajo y tapabocas; esto es urgente para ayudar y cuidar a los que nos ayudan.

Desde el punto de vista del Gobierno urge la facilitación de las importaciones de productos médicos y, como en tiempos de guerra, que las empresas que tengan la prioridad de producir material de protección se dedique exclusivamente a ello. Bavaria ha redireccionado su producción, de cerveza a gel.

Crédito vídeo: Hospital María Inmaculada /Recibido a través de cadena de WhatsApp.

 

Pero el personal de salud no vive solo, tienen familia, tienen padres y madres que están en edad de riesgo, tienen menores que pueden ser transmisores, tienen pareja. No podemos exigirles en la pandemia que se viene más allá de su condición humana, tampoco que el personal de salud se vuelque por completo a los servicios y que descuide a su familia. Ellos también son seres humanos, y una de las tareas fundamentales es que las EPS garanticen ya el pago de salarios atrasados.

Es muy difícil que, por ejemplo, un intensivista que hoy por hoy define parte de nuestro paso entre la vida y la muerte, que una enfermera que es fundamental para la toma de muestra, que un conductor de una ambulancia que es indispensable para el traslado de pacientes, los que cocinan para el personal de salud en las clínicas, todos ellos no puedan cumplir su labor mientras descuida por completo a su familia.

Es obligatorio ponerse al día en los pagos de los salarios. Hay personal de aseo contratado por horas y hoy ellos son más importantes que nunca ¿pagarles una prima extra por salvarnos en medio de la pandemia es mucho pedir? ¿Darles un empleo digno es acaso pedir en demasía?

Una de las cosas de las reivindicaciones que tienen el sector salud tiene que ver con la reivindicación de su condición de personas en alto riesgo y de alta importancia social. Estos dos criterios deben llevar a que el Gobierno piense seriamente en establecer un régimen laboral especial para el personal de salud.

En Colombia hay para algunas personas del sector de defensa y lo hay para el sector judicial, sin embargo, no lo hay para el sector de salud. No es de buen recibo para el personal de salud ver a los jueces con trajes especiales para prevenirlos, en unas audiencias (que podrían ser virtuales) en las que no entran en contacto personal de la manera en que sí lo hace el personal de salud que, sin embargo, están tratando de sobrevivir sin tapabocas.

Es necesario entender el concepto del personal de salud de manera amplia, eso incluye: personal de odontología, personal de terapia e incluso estudiantes. Los internos y los estudiantes de últimos años van a ser fundamentales. Por eso duele ver la noticia en las redes sociales de restricciones por parte de la policía a estudiantes de medicina que se transportaban a ayudar en los hospitales. La policía está para colaborar en el cuidado de la polis y no para perseguir a los estudiantes de medicina. La actitud policiva no puede seguir siendo una constante en un Estado de derecho, y mucho menos en una situación de pandemia.

No podemos pedirle a nuestros trabajadores de la salud que se portan como kamikazes y que cumplan tareas suicidas. Es fundamental recalcar en las medidas de bioseguridad, pero además de eso es recomendable que el Estado establezca un seguro para que las personas del sector salud tuvieran tranquilidad financiera, eso lo puede hacer destinando recursos de manera inmediata. Los transportadores, por ejemplo, tienen seguro si les queman los camiones. Sería un seguro de salud y de vida, porque seguramente muchas de las familias que dependen de ellos pueden quedar desprotegidas y en condiciones financieras muy difíciles.

Es cierto que en general hay pocas camas y que la capacidad de cuidados intensivos es limitada, pero sí se nota, según me han hecho saber algunos colegas, una respuesta diferida entre los hospitales privados y la red pública; se requiere que esa red privada se ponga inmediatamente al servicio de lo público, no como una colaboración, ni como un favor, sino como una obligación. Deberíamos seguir el ejemplo español donde el presidente Pedro Sánchez intervino la salud privada y la puso al servicio de lo público, así es que se demuestra que es más importante la vida que las ganancias de los hospitales privados.

Algunos pacientes se han visto enfrentados, ya no al paseo de la muerte de estar yendo de un hospital a otro, sino de un teléfono al otro. Lo que observamos es que llaman al Ministerio de Salud que los remite a la EPS y que esta a su vez los deja en la casa.

Se requiere como respuesta que haya un call-center, donde personas que sepan, expertas, puedan dar las indicaciones del caso; para ello se puede destinar a los especialistas mayores de 60 años, personal que es capacitado, pero que es más vulnerable. No se recomendaría tener personal mayor de 60 años en los servicios de salud por el riesgo que asumen, podían ser muy útiles en su experiencia para contribuir a no saturar los servicios de urgencias (mediante asistencia telefónica) y con ello facilitar la labor al personal de salud que están en la primera línea de guerra contra el virus.

Hay personal que, por culpa del sistema de salud, está trabajando en varios sitios, urge garantizar una estabilidad de tal manera puedan trabajar en un solo sitio. Estar viajando de un hospital a otro (por culpa de la ley 100) no es una medida que en este momento se recomiende porque estarían potencialmente contribuyendo a la expansión del virus. Pero ellos no pueden dejar de trabajar porque ante todo son personas con familia, así que si las autoridades garantizaran estabilidad laboral es posible que disminuyamos ese tránsito de hospital a hospital.

Finalmente, y esto implica a que el Gobierno obligue ya y por decreto, las EPS deben firmar contratos laborales con todas las prestaciones y garantías laborales del caso al personal de salud. Esta epidemia no se va a resolver en ocho días, esto nos va a consumir en meses y la recuperación del sector salud será en años. La estabilidad laboral es fundamental, ya algunas voces del personal de salud planteaban incluso una renuncia masiva para obligar a que el Gobierno sea serio y atienda la pandemia.

Nuestro personal de salud en general está dispuesto a ayudarnos, pero no les podemos exigir que sean suicidas, que salgan a enfrentarse al virus sin protección, sin salario y sin garantías laborales, además con un Gobierno que los elogia en público, pero que en privado los condena a la no protección. Tengamos estos puntos en la cabeza cada vez que salgamos a las 8 de la noche a aplaudirlos.

Si no hay personal protegido, de poco o nada servirá adecuar hoteles como hospitales o crear nuevas UCI; los equipos médicos no funcionan solos. Hay que darle al personal de salud todo lo necesario en transporte, organización de turnos, bioseguridad, capacitación, salarios, contratos, etc. Algunos me dirán que es oportunismo, no: es justicia ¿y si no es ahora cuándo?