Batas blancas, zona roja.

Por Víctor de Currea-Lugo

NOTA: Este texto fue publicado en la Revista Alternativa, (marzo – abril de 1.997) con base en entrevistas sobre hechos sucedidos entre 1987 y 1996, en diferentes zonas del país. Ahora, con la necesidad de recuperar la memoria de los ataques al sector salud en medio del conflicto, lo reciclo para mostrar una realidad que no se ha estudiado suficientemente y que, con el aumento del conflicto armado, tiende a repetirse.

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En el marco del conflicto armado interno colombiano, en general todo el personal sanitario, son afectados por el conflicto. Para el ejercicio de su profesión, la destinación y administración de recursos y la formulación de planes, la violencia es un gran determinante, pero que poco o nada se tiene en cuenta. A esto se suma, las presiones ejercidas por las partes del conflicto armado, poniendo en peligro la teórica neutralidad del médico. Entre una ley 100, escrita para un país en paz y urbano, la vigencia del Protocolo II y los llamados a la humanización del conflicto, oigamos a otros que también están en la trinchera: los médicos.

A continuación, un manual de instrucciones poco saludables para violar el derecho internacional humanitario, confeccionado a partir de entrevistas a siete médicos -presentados aquí con nombres ficticios- que prestaron sus servicios entre 1987 y 1996 en zonas rurales de enfrentamiento entre el Ejército, los paramilitares y la guerrilla.

RESPETO A LOS HERIDOS (Y A LOS CADÁVERES)

«Los heridos, enfermos y náufragos, serán respetados y protegidos»
(Art. 7, Protocolo II)

Antonio: Es una guerra tan desleal, que al herido lo siguen para acabarlo. A los hospitales entran a rematar a alguien que quedó herido y así el personal de salud es también víctima de las balas. En Planadas, Tolima, llegó un herido y un grupo de autodefensa lo esperó a la salida, pararon la ambulancia y lo aniquilaron. En la localidad de Doncello, Caquetá, un herido al remitirse a Florencia fue acribillado por tres personas y una auxiliar de enfermería fue herida. En Urillo, el médico iba acompañando a un paciente y fue herido en la pierna.

Teníamos un guerrillero en el servicio de urgencias y el oficial pedía una certificación donde dijera que el paciente no padecía ningún problema, pero en el examen físico se encontraban hematomas, contusiones y una laceración en rostro.

La sevicia es reina en los combates del sur del Tolima, allá los heridos no llegan por un sólo tiro, he hecho autopsias de pacientes hasta con 22 tiros en su cuerpo. Un cadáver tenía fracturas en los dedos, grandes contusiones y aún peor tenía estallido de un ojo y destrucción de tapa ósea.

En las autopsias que por lo menos yo pude ver, en muchos de los casos había signos de tortura evidentes, sobre todo cuando los muertos eran guerrilleros o paramilitares. En San Vicente de Chucurí, cuando la muerte era en combate el cadáver se sometía al escarnio público, por ejemplo: a los cadáveres se les exponía y se le daba vuelta a la plaza, después se llevaban con sirenas hasta el cementerio y se permitía el tránsito de personas para observar los cadáveres destrozados.

Generalmente se exponían los cadáveres con mayores destrozos. Dentro de las autopsias que yo pude realizar no encontré signos de sevicia, pero lo más frecuente era el tiro en la nuca a corta distancia. Al médico de La Palma, Cundinamarca, había días que le tocaba hacer tres autopsias o al del Peñón cuatro autopsias.

PROTECCIÓN DEL PERSONAL SANITARIO Y RELIGIOSO

«El personal religioso será respetado y protegido”

Bernardo: El secuestro de médicos es frecuente. En Arauca entre el grupo de religiosos del hospital, de Caño Limón y del mismo pueblo, se acordó que estos servicios siempre se prestarían en la sede del hospital y nunca desplazaríamos personal a zonas del combate. En el Tolima sí es muy frecuente que se solicite a los médicos desplazarse a atender heridos en combate.

Al director del hospital le dijeron que se desplazara, él no lo podía hacer porque tenía una paciente bastante grave. Al día siguiente lo visitaron directamente los combatientes y le dijeron que cuidara a su esposa que en ese momento estaba teniendo un hijo en Ibagué.

En Arauca hasta cuando yo estuve iban seis médicos muertos, lo que pasa es que no se sabía quién los mató porque ambos usaban uniformes, ambos solicitaban el desplazamiento del médico y el médico nunca volvía.

César: La atención se obstruye por las dificultades derivadas de los retenes militares o de la guerrilla para las personas del área rural. Los campesinos acuden cuando ya la enfermedad está avanzada. Por obstrucción del ejército, a la guerrilla toca atenderla en la parte rural, de manera inhumana, sin infraestructura, sin instrumental adecuado.

En zonas de Chocó no hay médico porque las partes (guerrilla, ejército, paramilitares) no dejan entrar a nadie. En Riosucio, se luchó para que un médico fuera a trabajar allí, y el médico se volvió loco en diez días de ver ese mierdero; lo devolvieron amarrado en una canoa.

Hacia los llanos del Yarí debíamos hacer una brigada de salud, la guerrilla nos mandaba avisar en forma escrita que por ningún motivo fuéramos a esos sitios porque ellos no respondían. En una zona de combates se obstaculiza el tránsito normal y entonces las personas que viven en esas veredas tienen graves problemas para acudir a los servicios médicos porque se establecen retenes y porque se dan instrucciones a las instituciones de salud para que éstas no desplacen personal a las zonas donde están ocurriendo los combates.

Saliendo para las veredas más conflictivas había un batallón y en muchas oportunidades los médicos eran detenidos para conversaciones. Allí los detenían y preguntaban por pacientes, incluso mostraban una base de datos con nombres de médicos que estaban supuestamente auxiliando a la guerrilla. Entre 1.988 y 1.992 hubo cinco paros armados en el nororiente; la guerrilla obligaba a cerrar hasta el hospital y sólo funcionaba urgencias. Los médicos ya no quieren ir a zonas de conflicto porque saben que no les van a perdonar la vida.

Entre las personas que debíamos prestar servicio fuera del hospital, en las veredas, se tenía un ambiente de temor. En algunos sitios la guerrilla no nos permitía el acceso, en otros el ejército nos podía acusar de estar colaborándole a la población civil de la cual no sabíamos si participaba en el movimiento armado.

Muchas veces es limitado el trabajo extramural por el temor de los profesionales a desplazarse; en 1.993 en Playa Rica, Tolima, el médico rural fue llevado para la atención de los combatientes, él pidió ser reemplazado y durante nueve meses no fue posible conseguirle un reemplazo.

Los profesionales prefieren no usar esas plazas para no verse en estos problemas. En Arauca estaba prohibido el desplazamiento de personas después de las siete de la noche, entonces si alguien se enfermaba tarde, le tocaba esperar hasta el día siguiente.

El personal se ve muy presionado y trabaja en condiciones de demasiada intranquilidad en las zonas de combate, tanto que prefieren no ir a trabajar en estos sitios o presentan problemas de comportamiento. Es bastante duro asistir todos los días a la sala de autopsias.

En un hospital de Caquetá recibí doce soldados heridos, y nosotros no estábamos preparados para atender. Eso es una locura total, los recursos no alcanzan y no podemos cumplir. Personal insuficiente, equipo obsoleto, no hay servicios de ambulancia. En el conflicto armado hay que transfundir sangre y con la legislación actual es imposible hacer una transfusión porque el banco de sangre implica equipos costosos para poder dotar un hospital.

Todo circula con base a un presupuesto insuficiente. Algunos pacientes por las dificultades de la remisión se nos mueren por la franca anemia que causan las heridas, aunque las heridas no sean mortales.

En zonas como San Vicente de Chucurí el personal de salud no está capacitado para atender el conflicto. No hay ningún tipo de preparación en derecho humanitario. Además, no hay preparación psicológica del personal de salud. Yo vi como el personal corría a cerrar las puertas del hospital cuando empezaba el tiroteo y debía ser al contrario.

En las zonas de conflicto armado hay problemas por las pésimas vías de comunicación y los hospitales no están preparados para atender el herido de guerra que es complejo, no admite postergar el tratamiento y requiere personal especializado. La gente que trabaja en esta zona es personal que apenas está prestando su servicio social obligatorio, y las ambulancias son carros de combate.

Salvo algunos hospitales universitarios, el resto del personal sanitario no está preparado para atender las víctimas del conflicto y seguimos atendiendo de una manera muy precaria, muy azarosa. El país no ha querido reconocer que está en guerra y para la guerra hay que prepararse. Los hospitales no están preparados, luego los insumos y el recurso humano se ven desviados para la atención de las lesiones por combate, entonces hay que posponer otras actividades.

David: El tipo estaba herido y mi compañero estaba atendiendo una niña quemada. Llegaron con un herido y le dijeron: «o lo atiende o se muere». «Es que yo no puedo dejar a la niña, ya la tengo anestesiada», les dijo. Pero ellos insistieron. El hombre cerró la puerta y se fue a atender la niña. Al otro día le tocó dejar todo tirado porque lo habían amenazado.

En ocasiones, hemos sido llamados a las tres o cuatro de la mañana y uno no se puede rehusar. Lo meten a uno en un carro por una trocha, sin saber a qué rumbo. Un comandante de las FARC ha hecho que el médico se desplace a zonas rurales a hacer actividades con una capacidad tecnológica inadecuada, sin anestesia inclusive, atentando contra la misma salud de su propia gente.

PROTECCIÓN GENERAL DE LA MISIÓN MÉDICA

«No podrá ser sancionado por el hecho de no proporcionar o de negarse a proporcionar información sobre los heridos» (Art. 10)

Eduardo: Nos toca ser neutrales, porque los principios nuestros nos obligan a eso, pero más que todo el fusil colocado en la espalda. Todo herido que llegue por arma de fuego debe ser notificado a la policía, y si desgraciadamente es un guerrillero toca notificarlo ¿Cómo quedamos ante la guerrilla? como unos soplones.

Si uno atiende en una zona rural a la guerrilla, queda ante el ejército como auxiliador. Para el ejército la función humanitaria se traduce en cierta forma en actitud izquierdosa, pues llevar camillas, llevar medicamentos es ayudar al bandolero.

Alguna parte del personal sanitario era obligado a acciones que sobrepasaban la atención necesaria. Por ejemplo, se obligaba a un médico a altas horas de la noche a atender un problema que podía atenderse por consulta externa o en las visitas rurales que se hacían. El ejército tampoco reconoce la obligatoriedad que tiene el personal sanitario de atender a las personas que están en peligro de sufrir incapacidad o muerte por resultado del conflicto y entonces hay hostigamientos contra el personal sanitario. De un lado se interpreta que uno debe prestarles apoyo cómplice y el ejército entiende que si uno se desplaza a atender heridos es por ser colaborador de la guerrilla y no por cumplir una obligación.

En 1.991, en La Esmeralda, Arauca, se presentó una visita por parte del ejército en la cual calificaron al personal del hospital entre los que apoyaban los grupos en armas y los que no, cuando todos trabajaban de manera neutral.

Yo trabajé en contraguerrilla, con puestos de avanzada, en donde toca ir a sacar al herido o sacar al muerto y sin tener protección lo mandan a uno adelante. A mí me tocó bajarme de un helicóptero y me echaban plomo. Yo iba vestido de camuflado y sin identificación. Todos los soldados iban con vestidos raídos y yo estrenando el uniforme, se vuelve uno el blanco perfecto. Yo quedé en medio de las partes y el helicóptero se fue. A mí me toca salir sólo porque el sitio es muy difícil. Me hirieron en una pierna. La neutralidad no es posible, lo que hay es anhelos de serlo. Alguna vez se capturó una guerrillera y un soldado me decía: “yo veré doctor, mátela”.

AMBULANCIAS Y HOSPITALES

«Los medios de transporte sanitarios serán respetados en todo momento y no serán objeto de ataques» (Art. 11)

Felipe: En agosto de 1.993, hubo una toma guerrillera a Bilbao, yo me encontraba con la ambulancia de Rio Blanco. Le pedí al comandante que me dejara ir y no me dejó hasta las tres de la tarde, y que despacio. Más adelante me encontré con la parte contraria, las autodefensas. Estas me ordenaran que me fuera rápido y que le avisara al ejército que allí estaba la guerrilla «para que venga a ayudarnos».

Después de la gran polémica que se desató en el Caquetá porque la policía usó símbolos de la cruz roja, nuestra ambulancia recibió unos impactos y agresiones verbales por parte del campesinado, aduciendo que estas ambulancias se usaban para cargar bombas. En enero de 1.995 hubo una toma guerrillera simultánea de Herrera y Gaitania. Ambos Centros de Salud resultaron afectados porque están ubicados al frente de la estación de policía de cada localidad y fueron tomados por la policía o por la guerrilla como refugio o como sitio estratégico para atacar al enemigo.

En una zona del Caquetá el hospital fue tomado como objetivo militar. A las siete, una infinidad de soldados ocupaban los pasillos, las salas de parto, las salas de cirugía. Yo le decía al teniente que eso era ilegal, y él contestaba que, así como yo tenía mi función, él también tenía la suya.

El hospital de La Esmeralda tenía un área dedicada a la vivienda del personal, esa zona verde los militares la usaban para acampar durante varios días. La guerrilla se ha tomado ambulancias para transportarse, el ejército ha tomado carros con símbolos de la cruz roja para transportar armas, el DAS tiene entre sus carros ambulancias en donde transportan detectives.

RESPETO A LOS SÍMBOLOS SANITARIOS Y PERFIDIA

«El signo distintivo de la cruz roja deberá respetarse en toda circunstancia»
(Art. 12)

Gregorio: Las ambulancias han sido utilizadas por los grupos armados, además de transportar sus heridos, para sacar personas que no pueden por seguridad estar en el área. Una parte cree que el otro sí respeta los símbolos.

En Chocó iban a coger un comandante guerrillero y el ejército se disfrazó con batas y llegó como si fuera una brigada de salud y acabaron con el comandante, lo cogieron preso. Después por retaliación mataron a un motorista y a un promotor de salud por eso.

POST DATA

Las normas del Derecho Internacional Humanitario sobre protección a la misión médica se violan por todas las partes del conflicto armado, haciendo del ejercicio de las labores sanitarias un acto casi ingenuo: irrespeto a los símbolos de protección, allanamiento a hospitales, secuestro y fusilamiento de médicos, uso indebido de los hospitales, impedimentos a las brigadas de salud para que realicen sus labores en áreas rurales, ausencia de dotación adecuada para enfrentar la demanda en salud que deriva de la guerra, control de medicamentos con fines militares (como en el caso del Glucantime, para curar la Leishmaniasis), impedimento para atender a los heridos (especialmente si son guerrilleros). Los Convenios de Ginebra más que una realidad son un listado de normas a violar.

La protección de misión médica sólo tiene sentido no por su mera condición de médicos sino por lo que esto puede beneficiar a las víctimas, luego si no se puede a su vez garantizar la supervivencia de heridos y enfermos y su adecuada protección, empieza a desvirtuarse la protección del personal sanitario. Lo que se observa es que además de la violación de los derechos de la misión médica, las partes armadas no respetan las condiciones de heridos y enfermos, los bienes civiles y ni siquiera los lugares señalizados.

Fotografía: ICRC