La hora del diálogo en la U. Pedagógica

4 Nov 2014

Por: Víctor de Currea-Lugo

El pasado 29 de octubre se llevó a cabo el primer encuentro con todos los sectores de la institución, entre ellos los encapuchados, para dejar atrás el tropel.

Bajo el nombre de “Diálogo por la paz y la convivencia”, la Universidad Pedagógica Nacional decidió abrir un espacio de conversación entre todos los sectores de la comunidad universitaria, sin excepciones, el pasado 29 de octubre.

Las filas de estudiantes a la entrada del coliseo de la Pedagógica superaban las expectativas de los más optimistas. Adentro ya estaban el rector y el Consejo Académico en pleno, prestos para escuchar las 17 ponencias inscritas. Evitando la fila, un grupo de encapuchados con overoles verdes cruzó y más tarde lo hizo uno de overoles negros. Nadie se extrañó ni se molestó. Eran ponentes, como otros tantos grupos universitarios.

No era un momento sino un proceso; ni lo que hay por decir en la universidad empezó ayer ni acabará mañana. Este ejercicio empezó a planearse el 4 de agosto de 2014, con la llegada de una nueva rectoría, y es el primero de muchos actos esperados. Empezó con unas reglas de juego claras: escuchar lo que se dijera, decir lo que se quisiera. El rector lo definió a su manera: “en igualdad de condiciones” y “sin los límites del miedo”.

Los capuchos, los grupos de estudiantes que optan por cubrirse el rostro, acudieron a la cita, pero no eran los únicos. La verdad es que no se trató de un diálogo bilateral entre rectoría y grupos cubiertos teniendo a alumnos y docentes como público; fue un diálogo multilateral, desde la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU) hasta el sindicato de profesores, desde los grupos anarquistas hasta expresiones a cara descubierta.

La agenda que todos compartían, desde el rector hasta los capuchos, pasando por el colegio de la universidad (el Instituto Pedagógico Nacional), era ir más allá del debate de las pedreas y del uso de la violencia política, era crear nuevas formas de relación y de expresión en la universidad, construir espacios de encuentro.

Los estudiantes del instituto rechazaron la violencia y aún con más energía defendieron la universidad pública, llamando a una “movilización creativa y civilista”. Un vocero de la expresión estudiantil del Partido Liberal defendió la legalización de las drogas, pero sin aceptar que la universidad se convierta en un expendio.

Las Ovejas Rojinegras fueron el primer grupo a cara cubierta que intervino y planteó una crítica sólida contra el sistema capitalista, haciendo alusión incluso a los bancos que rodean la universidad, pero evadieron el debate del uso de la violencia en el campus, llamando a que “no nos fijemos en las formas, vayamos a los contenidos”, refiriéndose al sistema capitalista. El Movimiento Jaime Bateman Cayón subrayó que, a pesar de la nueva rectoría, la crisis se mantiene, y Marcha Patriótica denunció la presencia de paramilitarismo en el plantel.

El rector retomó el debate señalando: “No podemos seguir empantanados en ese aforismo que criticaba Newton: los hombres, decía, construimos demasiados muros y nunca suficientes puentes”. Por su parte, la FEU subrayó el problema de derechos humanos que enfrentan las universidades públicas en materia de amenazas, detenciones, desapariciones y muertes de activistas políticos de la comunidad académica. Un representante de otro grupo estudiantil criticó el proceso de La Habana, no por rechazo a la paz en sí sino por “la ambigüedad del discurso de la paz”. Muchas ponencias resaltaron los riesgos del modelo neoliberal para la educación.

El Movimiento Estudiantil Revolucionario (MER) rechazó, a cara cubierta, la “lumpenización de la universidad”, llamando a su defensa. La verdad es que la intervención de los grupos estudiantiles con capucha se dio sin contratiempos. Son reconocidos como un actor más de la vida universitaria y como tal fueron invitados, pero no por ello fueron menos críticos. No hubo complacencias ni hipocresías.

Lo sucedido el 29 de octubre en la Pedagógica no buscaba apaciguar el debate político ni una condena a los grupos violentos en una especia de picota. Fue una invitación a ahondar el debate con los riesgos que esto conlleva. Y parece que así lo entendió la mayoría. Lo cierto es que en la Pedagógica, en lo corrido del semestre, se cambió el tropel por la palabra y el trabajo colectivo de estudiantes, profesores y trabajadores.

Algunas preguntas quedaron sin respuesta, como era apenas obvio. Una de ellas es si es justa la comparación Estado-persona con la relación rector-estudiante, pues los conflictos son diferentes en estas relaciones. Otra es bajo qué argumentos la universidad debe ser espacio de violencia política y, si así lo es, cuál es el aporte que hace el tropel a la lucha social. La jornada fue larga, pero el debate por venir lo será aún más.

 

Fuente:https://www.elespectador.com/noticias/nacional/hora-del-dialogo-u-pedagogica-articulo-525883