La suerte del Capitán Phillips

2 Mar 2014

Por: Víctor de Currea-Lugo

A propósito de la película dirigida por Paul Greengrass y el drama de los refugiados somalíes.

 Somalia sufre por la acción de los piratas. Hasta ahí estamos de acuerdo. No es una novedad ni una mentira. El problema es cuando tratamos de explicar por qué son los piratas. No sé si mi amigo, el fotógrafo somalí Abu-Bakar, ya habrá visto la película “El capitán Phillips”, pero escribo aquí pensando en sus fotos, en las caras que ambos hemos visto de refugiados somalíes buscando justicia en la llamada comunidad internacional.

Es una película bien hecha con final feliz. El problema es que al contar una historia real (el secuestro de un buque) sobre un fondo real (Somalia), el director cierra el lente sobre unos datos y excluye otros, al punto de que el drama somalí queda reducido a unas pocas pinceladas, y tales pinceladas tienen más de mentira políticamente dirigida que de justicia con los que, para el caso de la película, son apenas algo más que extras.

No hay ni sombra de los barcos militares europeos que protegen a los verdaderos piratas: los cientos de barcos que se llevan miles de toneladas de atún somalí sin pagar impuestos y afectando seriamente a los pescadores locales.

No hay datos sobre por qué los hambrientos somalíes deciden optar por la piratería (siendo las otras opciones ser refugiado, enrolarse en las milicias radicales o morirse de hambre). Phillips lo dice al secuestrador “tiene que haber algo diferente a ser pescador y secuestrar personas” y el somalí le contesta: “tal vez en Estados Unidos”.

Para los piratas que toman el barco no importa si éste es estadounidense o europeo, como para la comunidad internacional nada importa la suerte de los somalíes. Menos mal que los piratas no son conscientes de las sangrientas intervenciones de los Estados Unidos en los años noventa o de su financiación a la intervención etíope, sino otro pudo haber sido el desenlace.

La alusión a la supuesta ayuda humanitaria que transporta el capitán Philips es clara: “llevamos comida para la gente hambrienta de África” Y la respuesta es irónica: “sí, claro, los países ricos ayudan a los somalíes”. Lo cierto es que los montos de ayuda humanitaria dada por los países desarrollados a los somalíes, no se conduelen con las ingentes ganancias de robarles la pesca.

Si la historia fuera contada por los somalíes, tendríamos otro encuadre cinematográfico. No se trata de que toda película explore hasta la saciedad el entramado político detrás de cada drama humano pero que no desconozca deliberadamente algo tan despiadado como es la responsabilidad de la comunidad internacional en la crisis de Somalia, esa comunidad de la que los refugiados esperan tanto.

El capitán Phillips vive el drama, lo sufre y sale de él con vida. Bien por él. Tuvo suerte ¿y los somalíes? La justicia parece lograrse en cuanto los secuestradores son muertos y su jefe detenido, pero la justicia con los somalíes no aparece.

Si unos pocos segundos de una Bogotá ardiendo en llamas indignaron a muchos (en la película Mr. & Mrs. Smith) a los somalíes también les podría gustar que se haga justicia con su realidad. ¿No sería justo que además de que el cine en vez de servirse de los dramas, los dramas reales también se sirvan del cine? No sé qué diría Abu-Bakar. Por mi parte el debate está servido.

 

Fuente:https://www.elespectador.com/noticias/elmundo/suerte-del-capitan-phillips-articulo-478194