Lo local, otra trampa de la globalización

Quiero empezar citando un párrafo de un texto que releí hace poco: “La necesidad de encontrar mercados espolea a la burguesía de una a otra parte del planeta […] Las viejas industrias nacionales se vienen a tierra […] Ya no reina aquel mercado nacional que se bastaba a sí mismo y donde no entraba nada de fuera; ahora, la red de comercio es universal y en ella entran, unidas por vínculos de interdependencia, todas las naciones”.

Esto no fue escrito por algún nuevo premio Nobel de Economía a comienzos del siglo XXI sino a mediados del siglo XIX por un tal Karl Marx. Cuando Marx escribió esto el mercado se internacionalizaba, ahora lo hace el capital financiero y la producción, pero para efectos de esta conferencia, la diferencia no es relevante.

Con esto quiero recalcar una sola idea: lo que llamamos globalización no es otra cosa que una nueva fase del capitalismo, una fase en la que se anuncia la crisis del Estado nación. Pero el Estado no está en crisis per se, como si fuera un cuerpo humano que envejece y “naturalmente” se acerca a la muerte, sino que como toda creación humana es producto de decisiones deliberadas. El Estado actual ya no es funcional al capitalismo, el cual, en su nueva fase lo transforma; de la misma manera que antes reivindicó el Estado-nación de cara a la monarquía, ahora lo niega en su versión actual. El capitalismo es como Saturno que no duda en devorar a sus propios hijos. El engaño está en creer que hay varias globalizaciones cuando en realidad lo que hay son varias expresiones de la misma fase de desarrollo del capitalismo, varias velocidades del mismo fenómeno.

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