GALERÍA | 9 de mayo: el día de la victoria sobre el nazismo

Víctor de Currea-Lugo | 9 de mayo de 2026

Ya sé que muchos (no todos) piensan que a Europa la salvaron Tom Hanks y el soldado Ryan. Pero no, fueron sobre todo los rojos: el Ejército Rojo, que cargó con la mayor parte del peso de la guerra en Europa.

Se puede decir lo que uno quiera de Joseph Stalin (muchas de esas cosas son ciertas), pero bajo su mando el Ejército Rojo fue decisivo para aplastar al nazismo.

Y digo nazismo y no fascismo porque este último permanece y crece no solo en Europa, sino también en nuestros países tropicales, en discursos de odio, nacionalismos excluyentes y formas renovadas de autoritarismo.

Cada 9 de mayo se conmemora la derrota de la Alemania nazi. La más relevante es en Moscú, con el recuerdo de los 27 millones de muertos soviéticos en la guerra.

La resistencia de Stalingrado, la batalla de tanques de Kursk y la toma de Berlín son tres momentos que condensan la guerra: la resistencia, el punto de quiebre y la derrota final. La Europa de hoy le debe mucho a Rusia, aunque prefiera olvidarlo. Pero las guerras no se libran por medallas, sino, como en este caso, para sobrevivir.

Hoy Rusia enfrenta miles de sanciones, es el país más sancionado del mundo. La guerra entre Ucrania y Rusia es, literalmente, una guerra entre hermanos, con una historia común y entrelazada. Putin, según la narrativa oficial, ha recuperado el orgullo nacional perdido tras la disolución de la Unión Soviética y eso aquí es determinante. Estos tres datos forman parte de su conmemoración de 2026.

Hay una tradición que ha ido ganando fuerza, la del “Regimiento Inmortal”. La gente desfila llevando la foto de sus familiares caídos o de quienes combatieron en la Gran Guerra Patria. Es un homenaje a los millones de acciones heroicas, no solo a los grandes líderes. El héroe es el pueblo.

Por cosas del destino, me tocó vivir el aniversario en San Petersburgo, la ciudad de los zares y de la Revolución de Octubre. Durante la marcha hubo música todo el tiempo. La canción que más escuché fue una canción soviética de 1938 que narra la historia de una joven llamada Katiusha, quien canta mientras espera a su amado soldado, que está en la frontera cuidando la patria. Hubo otra canción, muy sentida; no entendí nada, pero varias personas rompieron en llanto.

Luego de la galería sobre los guerreros de Terracota  y de la de Hiroshima, aquí les dejo las fotos de lo que vi en esa celebración que mezcla lágrimas y abrazos. Incluí algunas fotos de los preparativos en Moscú. Una memoria que no es solo pasado, sino también presente:

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