De Maduro a Petro

Víctor de Currea Lugo | 4 de enero de 2026

Pocos días antes de la agresión militar de Estados Unidos contra Venezuela, hablaba con un embajador sobre la posibilidad de un ataque de tal magnitud. Él me decía que eso era imposible, pero sucedió. ¿Podría pasarle a Petro lo mismo que a Maduro?

Ahora, hablando con distintos politólogos, me dicen que la posibilidad de un ataque que involucre a Colombia, o específicamente al presidente Petro, es imposible. Pero lo cierto es que puede suceder.

Ya sé que Venezuela no es Colombia, ni en términos del peso del petróleo en la economía, ni de su historia política reciente. Así que haré el triste papel de abogado del diablo de mencionar aquellas cosas en las que sí somos comparables, y sin repetir, por supuesto, la infantil noción del castrochavismo para equiparar dos procesos diferentes.

Hacer un análisis que invoque el derecho internacional resulta un poco ingenuo, especialmente después de Gaza. O hacerlo partiendo de que existe una lógica identificable en el gobierno del presidente Trump también es ingenuo, porque sus decisiones erráticas son la única constante.

Empecemos. En el caso de la sociedad venezolana, hubo un proceso creciente de polarización (véase, por ejemplo, las guarimbas) de tal manera que se satanizaron las posturas políticas y se radicalizó la sociedad, sin mecanismos de diálogo.

La ruptura de los procesos de diálogo interno permite “justificar” salidas extremas (Egipto, Siria y Libia son buenos ejemplos). En el caso colombiano, la configuración de un escenario de crisis polarizado alimenta las voces de quienes piden una salida similar para Colombia.

La prensa mundial hegemónica fabricó un Maduro que permitía y legitimaba una operación como la ocurrida. Asimismo, ya ha empezado la construcción de un presidente Petro, al que se le acusa, de manera directa y sin pruebas, de producir cocaína y de ser narcotraficante; al que se incluye en la Lista Clinton y al que se coloca como próximo objetivo de Estados Unidos.

La postura internacional de Petro sobre Gaza, su distanciamiento de la agenda de seguridad de Washington, su lucha contra el cambio climático y su insistencia en sacar el debate sobre el narcotráfico del reduccionismo policial lo convierten en un actor incómodo en un momento en que Estados Unidos busca reafirmar el control sobre el hemisferio.

La soledad y la fractura a la vuelta de la esquina

Venezuela está sola, en el mismo sentido en que lo ha estado Gaza: ningún otro país se va a jugar el pellejo más allá de declaraciones políticas formales que invocan el derecho internacional.

Esa soledad es la misma que tendría Colombia en caso de un ataque y la misma que enfrentaría el presidente Petro, porque el miedo a enfrentar a Estados Unidos se impone. Precisamente por eso es mucho más admirable la actitud internacionalista de Petro sobre Gaza en un mundo donde nadie quiere ir más allá de las redes sociales.

Hay otra cosa por explorar y tiene que ver con la unidad interna en Venezuela. A pesar de que se ha insistido mucho en las tensiones que podría haber entre figuras como Padrino López, Diosdado Cabello y Delcy Rodríguez, hoy se presentan ante su país como un bloque unificado.

Allá, no hay fracturas en las Fuerzas Armadas y la oposición no ha sido capaz de salir a celebrar, ni siquiera en aquellos barrios donde es mayoría. En Colombia, desafortunadamente, no hay esa cohesión en el gobierno, lo que coloca al presidente Petro en un escenario más frágil ante una operación militar en su contra.

En la política, la traición es una constante desde la época de Julio César y los puñales de Bruto hasta el día de hoy. Es impensable una operación como la que realizó Estados Unidos sin tener en cuenta que había elementos internos que facilitaban toda la información y, en el caso de Petro, él mismo ha dicho que ha sido traicionado en varias ocasiones.

El manual de Chávez, ‘Golpe de Timón’ (publicado pocos meses antes de morir), es, entre otras cosas, una lista de las cosas a las que el chavismo no hizo caso. Y entonces hay que preguntarse en qué aspectos el petrismo no le hace caso a Petro. Y esta pregunta no es retórica.

Narcotizar el debate

Sin duda, hay lazos comunicantes entre diferentes dinámicas de la región que involucran la situación en Venezuela, la presencia del ELN en ambos lados de la frontera, el narcotráfico y la postura política de Trump. Negar tales lazos comunicantes es grave, pero hacer de todo eso un paquete sin matices es aún más grave.

Las lecturas simplistas sobre el narcotráfico (como la del supuesto “cártel de los Soles” como única variable) desconocen lo manifestado por varios presidentes, incluido Petro, en un comunicado reciente: estamos frente a una agresión.

Pero, además, esa lógica es funcional a la estadounidense de presentar todo en el marco de la guerra contra las drogas, sin considerar la geopolítica. Así se ha justificado el asesinato de pescadores en el mar Caribe.

Antipetrismo y sionismo

La presencia de Israel en Colombia no solo nos lleva a pensar en la presencia de oficiales militares israelíes en la conformación de grupos paramilitares, sino también en su real interés de contribuir a “recuperar” Colombia para la derecha, la otrora llamada Israel de América Latina. Y en ese escenario, Petro es mucho más que una piedra en el zapato.

El Mossad, la inteligencia israelí, no es un aparato menor. Fueron capaces de secuestrar al líder de los kurdos y entregárselo a Turquía, de organizar un plan a quince años para hacer explotar los sistemas beeper que tenían los hombres de Hizbollah, y de llevar a cabo una serie de asesinatos en Europa contra los palestinos, tal como muestra la película de Steven Spielberg, ‘Munich’.

Esto no es una hipótesis abstracta, sino un recordatorio de la historia. Hay que recordar que las operaciones inciertas, las extracciones y las guerras sin declaratoria formal no son excepciones históricas, sino parte del manual de la política internacional realmente existente.

Ha habido informes precisos y concretos de intentos de asesinato contra el presidente Petro, una fabricación mediática de Petro como narcoterrorista y, como él mismo lo advirtió, llamados a que el Mossad lo extraiga. Estados Unidos retiró muchos de los elementos de defensa con los que contaba el Palacio de Nariño.

Petro y Estados Unidos

Hablando con una periodista internacional, surgió la pregunta de si Estados Unidos se metería en Colombia. Su respuesta fue contundente: ellos ya están en Colombia y nunca se han salido. Y eso genera otra reflexión: ¿cuáles son los sectores del gobierno de Petro que realmente permanecerían leales al presidente en caso de una acción militar directa contra él?

Si algo enseña la experiencia venezolana es que no basta con tener razón frente al adversario externo si se descuidan las alertas internas. La cohesión, la lectura temprana de las traiciones y la capacidad de escuchar las advertencias incómodas no son lujos políticos: son condiciones de supervivencia.

La injerencia de Estados Unidos no es solo militar. Ya demostró en Honduras su intromisión, así como en otros procesos electorales. Sería torpe pensar que Donald Trump amenaza a Petro, pero que va a permanecer quieto ante el proceso electoral de 2026 en Colombia.

Y ahí está el gran desafío, porque, al igual que en Venezuela, en Colombia hay una serie de aristócratas que no dudan en apoyar lo que sea para impedir la continuidad de un gobierno progresista, e incluso hay quienes llaman abiertamente a Estados Unidos a una acción militar contra Petro. Advertir no es desear que ocurra; es negarse a callar cuando ya se ha visto cómo terminan estas historias.

PD1: Estados Unidos necesita del territorio de Colombia, para usarlo como plataforma contra Venezuela; de la misma manera que se usó el territorio de Pakistán para atacar Afganistán.

PD2: Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente del autor y no reflejan necesariamente la posición de la institución para la cual trabaja. El autor es el asesor presidencial para Oriente Medio, del gobierno colombiano.