Víctor de Currea Lugo | 10 de marzo de 2026
Aquí, siete tendencias que han marcado las dinámicas militares de los primeros días de la guerra en Oriente Medio, entre Irán, Estados Unidos e Israel.
Primero, una de las características de esta nueva semana tiene que ver con la ruptura pública y explícita de la distinción entre objetivos militares y bienes civiles. Si bien ya se habían asesinado civiles —como en el caso de las niñas en los colegios de Irán—, tanto las declaraciones políticas como los actos militares de Israel y de Estados Unidos muestran que ahora se entra en el ataque a instalaciones petroleras y a plantas desalinizadoras.
Eso implica entonces un cambio en la perspectiva de lo que se puede o no se puede atacar, ya no desde el derecho, sino desde la realpolitik, hasta el punto de que el propio Irán plantea que producirá un cambio en su lógica de ataques.
En otras palabras: la guerra está entrando en una lógica de infraestructura estratégica y de castigo civil. A la par de lo anterior, la guerra puede estar desplazándose del objetivo militar al objetivo económico global, porque el verdadero campo de batalla es el flujo energético mundial.
Segundo, aparece el riesgo del uso de armamento nuclear. Si bien es cierto que este riesgo es lejano, se menciona en varios círculos la posibilidad de que Israel, en un modelo de guerra existencial y dentro de su llamada teoría de Sansón, opte por morir matando; es decir, que haga uso de alguna de las ojivas nucleares que tiene en su poder, para golpear duramente a Irán.
El problema es que una acción de este tipo desencadenaría varios escenarios, siendo el más probable la participación directa de Pakistán en el conflicto. Pakistán ya amenazó que, en caso de que se produjera un ataque de esta naturaleza, actuaría con su armamento nuclear directamente contra Israel, lo que haría la guerra aún más grave.
Tercero, tenemos la entrada explícita de otros países en la guerra. Es el caso de Francia, que ha empezado a desplegar parte de su capacidad militar en Oriente Medio para alinearse con la política de Trump. Esto ya nos mete en otro escenario: un país europeo, miembro de la OTAN, empieza a participar activamente en la confrontación. Otro caso es el envío de misiles por parte de Australia a los Emiratos Árabes Unidos.
Cuarto, aparece la situación de los kurdos. Aquí vale aclarar que existe un afán, bastante peligroso y erróneo, de homogeneizar a los kurdos. Tanto es así que en el mundo kurdo existen cuatro idiomas y, entre ellos, pueden no entenderse perfectamente. Aparte de eso, hay kurdos separatistas, nacionalistas y autonomistas. Por tanto, decir “la agenda kurda” es una expresión absolutamente vacía.
Ahora bien, si bien es cierto que hay tropas como las sirio-kurdas que pelearon contra el Estado Islámico y tienen una propuesta de gobierno bastante incluyente, también existen otras expresiones políticas kurdas, como las familias Talabani y Barzani en el norte de Irak. Son familias políticas alimentadas por Estados Unidos, con gran apoyo de Israel, que no necesariamente representan al pueblo kurdo de base que vive en el norte de Irak, ni mucho menos a los kurdos de Irán.
Sí, es totalmente posible que esa élite pro-Estados Unidos y pro-Israel participe como punta de lanza, lo cual no sería ninguna novedad. Acordémonos de que también los chiíes aprovecharon las medidas de Estados Unidos contra Saddam Hussein para tratar de desplegar un frente interno de guerra, así que no sería ninguna novedad.
Habría que preguntarse con mucho cuidado si la agenda contra el ayatolá de los kurdos iraníes es un argumento suficiente para explicar un alineamiento o para convertirse en peones de Estados Unidos en la región. Por supuesto, han surgido algunos grupos kurdos recientemente, pero es difícil determinar si son reales, legítimos o recién creados.
Quinto, circulan acusaciones de operaciones de falsa bandera atribuidas a Israel. Algunos incidentes recientes en Chipre y en Azerbaiyán han sido interpretados como provocaciones destinadas a atribuir ataques a Teherán y justificar una ampliación de la guerra. Tras los drones que impactaron en la región azerí de Najicheván, Irán negó cualquier participación y sugirió que podría tratarse de una operación israelí. Algo similar se ha insinuado en torno a episodios cerca de Chipre, donde la presencia de bases occidentales y la actividad israelí convierten cualquier incidente en un argumento para aumentar la presión militar contra Irán.
Sexto, empiezan a multiplicarse las declaraciones de Washington sobre de negociación y el posible fin de la guerra. Este tipo de mensajes no es raro en la práctica estratégica estadounidense: forma parte de sus mecanismos de presión. Pero en este caso deja abiertas varias preguntas incómodas. ¿Estamos ante la señal de que Trump nunca tuvo realmente un plan de guerra más allá de la expectativa de un colapso rápido de Irán? ¿Sobrevaloraron la fragilidad del régimen iraní y subestimaron su capacidad de resistir bajo ataque?
Y, sobre todo, ¿está tratando Washington de abrir una salida que le permita reducir su implicación directa y dejar a Israel sosteniendo el peso de una confrontación que, como empieza a verse, puede ser mucho más larga y costosa de lo que se pensó al inicio? En todo caso, el contraste es evidente: mientras Estados Unidos habla de negociar, Irán insiste en que no negociará bajo bombardeos. Ese choque de posiciones revela que la apuesta inicial de una victoria rápida está lejos de materializarse.
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Potencial ataque por tierra
Séptimo, está la cuestión de una posible operación terrestre de tropas estadounidenses en la región. Es bastante complicado, por razones geográficas y políticas, revisar de manera sistemática el entorno fronterizo de Irán.
Hacia el norte, Irán limita con Turkmenistán y Azerbaiyán. Turkmenistán mantiene una política histórica de neutralidad y no querrá enemistarse con Irán. Azerbaiyán, aunque es aliado de Israel y mantiene tensiones con Teherán, difícilmente se prestaría a convertirse en una plataforma de una guerra abierta contra Irán.
Hacia el oriente, la frontera iraní es fundamentalmente con Afganistán y Pakistán. Afganistán está en manos de los talibán, que no permitirán el despliegue de tropas ni la logística estadounidense en su territorio. Y Pakistán ha sido absolutamente claro en que no permitirá que ni su territorio ni las bases de Estados Unidos allí sean utilizados para atacar a Irán.
Hacia el sur, Irán se abre al golfo de Omán y al golfo Pérsico; por lo tanto, allí la disputa es fundamentalmente marítima.
Finalmente, hacia el occidente, Irán tiene fronteras con Turquía e Irak. Turquía no quiere meterse en un conflicto y lo ha dejado claro. A pesar de la competencia histórica que Turquía tiene con Irán por el liderazgo regional y el control de Oriente Medio, no necesariamente le inspira tanto rechazo como para entrar en una confrontación armada directa.
Nos queda, entonces, el territorio iraquí. Si bien es cierto que el Irak pos-Saddam Hussein ha sido bastante condescendiente con la política de Estados Unidos, las bases militares allí han disminuido. La única actualmente vigente es la base de Erbil, en el norte de Irak, pero ha sido atacada precisamente por milicias y brigadas proiraníes presentes en el país.
Recordemos, además, que el 60% de la población de Irak es chií, que su primer ministro, Al-Sudani, es chií y que ha manifestado su apoyo a Irán. Muy difícilmente podría desplegar un contingente terrestre para atacar a Irán.
Las fuerzas estadounidenses, con la colaboración de Al-Sharaa, el presidente de Siria, podrían llegar hasta la frontera entre Siria e Irak, pero atravesar Irak para llegar a Irán es bastante improbable, debido tanto a la postura del gobierno de Al-Sudani como a la inmensa mayoría chií de la población iraquí.
Ahora, una operación militar no es solo poner soldados en tierra; eso requiere una logística muy grande para desplegarlos y otra aún mayor para mantener sus acciones. Viendo la geografía política de la región, es muy difícil garantizar ambas cosas.
Estos son, en síntesis, los siete elementos del contexto actual. Y hay que recordar algo elemental: una guerra no se puede ganar solo de bombardeos. Así bombardeasen Irán de todas las maneras posibles, la única forma real de someterlo sería mediante una invasión terrestre. Pero hoy en día esa invasión es geográficamente improbable.
PD: Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente del autor y no reflejan necesariamente la posición de la institución para la cual trabaja. El autor es asesor presidencial del gobierno colombiano.











