Armenia versus Azerbaiyán: otra trampa del Estado-nación

Víctor de Currea-Lugo | 28 de septiembre de 2020

Este conflicto del Cáucaso sur es una de las herencias de la disolución de la Unión Soviética, en el que dos países buscan controlar un mismo territorio conocido como Alto Karabaj (llamada también Artsaj, por los armenios). Este territorio pertenece jurídicamente a Azerbaiyán pero la población es mayoritariamente de origen armenio.

Armenia apoya las propuestas independentistas que se expresaron con mayor fuerza a partir de 1988, gracias a la nueva coyuntura política que inauguró el glásnost. El conflicto armado dejó, en los años 90, alrededor de 40.000 muertos y se congeló mediante una tregua firmada de 1994.

La disputa por ese territorio data desde la época del imperio Turco-otomano y el Imperio ruso. Recordemos que también hubo una presencia del imperio persa en el Cáucaso donde fue derrotado por los rusos, guerra de la que también sacaron ventaja los turco-otomanos aumentando su influencia en la región.

Hubo un período, a finales del siglo XIX, en que Baku (capital de Azerbaiyán) era el más importante centro petrolífero del mundo, con lo cual aumentó su importancia para las diferentes potencias mundiales. En esa misma época, el surgimiento del nacionalismo y las tensiones interétnicas llevaron a la persecución, tanto de Armenia como de Azerbaiyán, en contra de las minorías. En la Primera Guerra Mundial ya hubo tensiones entre azeríes y armenios por agendas externas y hasta ajenas.

Entre 1918 y 1920, hubo una guerra entre los dos países por la definición de fronteras, escenario en el cual Alto Karabaj proclamó en vano su independencia. Estos territorios quedaron bajo control de Moscú y Stalin puso Altos Karabaj en manos de Azerbaiyán en 1922, con carácter de región autónoma desde 1923. Tanto este país como Armenia hicieron parte hasta 1991 de la URSS.

En términos étnicos, azeríes y armenios han compartido el territorio del Sur del Cáucaso independientemente del nombre del estado bajo el cual viven, mezclados, aunque en diferentes porcentajes. Esta mezcla ha resultado un problema para los brotes nacionalistas y una razón para explicar el desplazamiento forzado durante la guerra.

El 87% de la población de Azerbaiyán se identifica como musulmana y de ésta la inmensa mayoría es chií. Este es el segundo país en el mundo de mayoría chií, después de Irán. El conflicto actual no tiene un componente religioso pero recordemos que la religión puede ser instrumentalizada como hemos visto en los casos de Siria y de Palestina. La presencia de una comunidad musulmana en el sur del Cáucaso es parte de la agenda iraní en esa región. De hecho, el pueblo azerí fue identificado por Moscú como musulmán, Stalin dio Alto Karabaj a Azerbaiyán pero manteniendo una figura de región autónoma, teniendo en cuenta su mayoría armenia.

Parte de las tensiones en Osetia, Chechenia, el sur del Cáucaso y los «stanes» (países del sur de la antigua Unión Soviética) son tensiones derivadas de la pésima gestión de Moscú de las tensiones étnicas y religiosas de los pueblos que habitan aquellos territorios.

En 1988, el parlamento local de Alto Karabaj votó a favor de separarse de Azerbaiyán y unirse al Estado de Armenia. Esto dio inicio al conflicto armado en 1988 y que se prolongó hasta 1994. En 1991 Armenia renunció a reclamar soberanía sobre el territorio de Azerbaiyán, pero un incidente militar no permitió la ratificación de dicho acuerdo. En 1992 hubo un nuevo acercamiento gracias a las gestiones de Irán, pero el conflicto se prolongó dos años más. El cese al fuego logrado de 1994 dejó el territorio de Alto Karabaj (y un poco más) bajo ocupación militar de Armenia. Sin embargo, dicha tregua no ha evitado que se presenten incidentes como los registrados hace pocos días.

En los años 90, la intensificación del conflicto llevo a que alrededor de 850.000 azeríes y 400.000 armenios se desplazaran. Esa expulsión de población tuvo un claro componente de limpieza étnica por parte de los dos Estados.

Ha habido diferentes incidentes militares desde 1994, pero este es uno de los más graves. En julio de este año hubo choques graves que hicieron pensar en lo peor; al tiempo, miles apoyaban que el gobierno de Azerbaiyán declarara la guerra a Armenia.

En septiembre de 2020, luego de un intercambio de fuego, en el que las partes se acusan mutuamente de haber empezado, los dos países declararon la Ley Marcial y tomaron medidas tendientes a aumentar su despliegue militar. Ya se habían registrado graves choques en 2016 y Julio 2020.

La confrontación entre Azerbaiyán y Armenia tiene también elementos de guerra Proxy entre Rusia y Turquía. Rusia apoya a Armenia y a sus reclamos sobre el territorio en disputa, mientras Turquía apoya al gobierno de Baku, posición esperable ya que las élites de Turquía siguen incluso negando el genocidio armenio, matanza que tampoco es reconocida como tal por parte de Baku. Hace 2 meses el presidente Erdoğan dijo que no dudaría en defender el territorio de Azerbaiyán. Turquía ni siquiera reconoce a Armenia como Estado. Esta disputa revive las tensiones entre otomanos y rusos, a finales del siglo XVIII.

El conflicto refleja el viejo problema de querer imponer Estados-naciones, homogéneamente culturales, negando la realidad del terreno, como sucede en el caso kurdo. Los nacionalismos y las discriminaciones étnicas y culturales aumentan la tensión, como sucedió en la antigua Yugoslavia. Un cese al fuego no es garantía de paz. Hay otros dos conflictos en los que la guerra está congelada por una tregua: Las Coreas y Sahara Occidental.

Este conflicto recuerda que en las relaciones internacionales no hay amigos en aliados. Mientras Rusia y Turquía se alían para controlar los kurdos en el norte de Siria, aquí son enemigos. Por su parte, Rusia vende armas a los dos. Azerbaiyán suministra hidrocarburos a Europa, lo que sería la principal preocupación  europea en este conflicto. Hoy día, ningún Estado reconoce a Alto Karabaj como Estado independiente. Así, como en otras guerras, la agenda local termina absorbida por intereses internacionales, los derechos de los civiles no cuentan y el ajedrez internacional vuelve a los pueblos del Cáucaso simplemente peones.