Víctor de Currea-Lugo | 6 de marzo de 2026
La vida capitalista, tal como la entendemos hoy, es imposible sin el petróleo. Por eso, no sería lo mismo esta guerra puesta en otra parte del mundo que en donde está sucediendo: entre las mayores reservas de petróleo y gas del planeta.
Si la guerra continúa, los exportadores del Golfo podrían verse obligados a detener los envíos en cuestión de semanas; incluso se plantea el escenario de 150 dólares por barril. No es una predicción segura, pero sí una señal de hasta dónde va la prima de riesgo.
Aquí, un punteado de datos y consideraciones de la importancia de los hidrocarburos en esta guerra:
1. El estrecho de Ormuz es un angosto paso marítimo de unos 40 kilómetros de ancho, que conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y el océano Índico. Su borde superior es territorio iraní.
Por allí pasa más de una cuarta parte del comercio marítimo mundial de petróleo y alrededor de una quinta parte del consumo mundial de petróleo y derivados; además, cerca de una quinta parte del comercio global de gas licuado, principalmente desde Qatar. Es decir, controlar este estrecho es un factor central en la economía mundial.
2. Irán tiene las cuartas mayores reservas probadas de crudo y las segundas mayores de gas natural, solo por detrás de Rusia. Eso significa que Irán no es solo un productor relevante: es una potencia de reservas y, por eso, cualquier guerra que afecte su capacidad exportadora o su entorno marítimo tiene un efecto desproporcionado sobre las expectativas del mercado.
Por eso, uno de los puntos que deben tenerse en cuenta es que quedarse con Irán es quedarse con una parte de la riqueza petrolera del mundo. No es casual que, en distintos momentos, Estados Unidos haya invadido Irak y atacado Venezuela
3. China compró más del 80% del petróleo iraní exportado por vía marítima. El promedio de compra fue de 1,38 millones de barriles diarios, equivalentes al 13,4 % de las importaciones chinas de crudo por mar. China tendría alrededor de 900 millones de barriles en inventarios estratégicos, equivalentes a 78 días de importaciones, lo que le daría un colchón temporal.
China insiste en la salida negociada y no entrará en guerra solo por esa variable, pero su política exterior no estaría lejos (como es de esperar) de esa realidad: el impacto directo del conflicto en su acceso a hidrocarburos.
4. Precio de petróleo: el 6 de marzo cotizaba en 91 dólares por barril, con alzas semanales cercanas al 25 %, las mayores desde la pandemia de 2020. Esto responde a que se ha puesto en duda no solo la oferta iraní, sino también la capacidad de salida del petróleo de casi todo el Golfo. El dinero es cobarde; esperar que los mercados se calmen solo con declaraciones políticas o militares es ilusorio.
5. Irak es otro punto crítico: si sus tanqueros no pueden moverse libremente hacia los puntos de carga del Golfo, Irak podría perder más de 3 millones de barriles diarios en cuestión de días.
Irak alimenta refinerías en India, Corea del Sur y Estados Unidos, lo que podría empujar a esos compradores a buscar otros mercados y contagiar el alza de precios. Como puede verse, al margen de la lista de países militarmente implicados, habría que elaborar una lista de los países económicamente afectados, que crecería día a día.
6. Qatar habría detenido la producción de gas, con un aumento del precio de casi un 40% al inicio del shock. Esta guerra no golpea solo al petróleo: golpea a la vez al gas natural licuado y, con él, a la electricidad, a la petroquímica y a los fertilizantes.
7. Europa está entrando en la temporada de recarga con sus almacenamientos de gas en un nivel especialmente bajo: para finales de marzo estarían entre el 22 % y el 27 %, frente a un promedio quinquenal de 41 %. Así, el Golfo entrega menos gas a Europa; Europa tiene que pagar más para atraer cargamentos y compite directamente con Asia.
8. Seguridad alimentaria: el 70% de los alimentos importados por los países del Consejo de Cooperación del Golfo entran por Ormuz. Eso significa que el estrecho no solo transporta hidrocarburos, sino también la base material de la vida cotidiana de esos Estados.
Lo que vendría en Oriente Medio
Si la situación militar se mantiene en el nivel actual durante las próximas semanas —sin una reapertura plena del estrecho de Ormuz ni una desescalada clara entre Irán, Israel y Estados Unidos— lo más probable es un escenario de presión persistente sobre los precios de la energía y el transporte marítimo, más que un colapso inmediato del suministro mundial.
Parte de la tarea de Estados Unidos en Venezuela fue también asegurar influencia sobre su petróleo. En el mundo del petróleo, nada ocurre en compartimentos aislados, y menos aún cuando el próximo escenario posible es Irán.
Nada está escrito en piedra y menos aún en Oriente Medio. Los datos son cambiantes como la realidad, pero el daño económico ya es una realidad. Ahora, los mercados buscarán reacomodarse y, como en otras crisis, los Estados seguirán más las claves del mercado que las del derecho internacional.
PD: Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente del autor y no reflejan necesariamente la posición de la institución para la cual trabaja. El autor es asesor presidencial del gobierno colombiano.











