Irak / @DeCurreaLugo
Irak / @DeCurreaLugo

17 Agosto 2014

Por: Víctor de Currea-Lugo

En medio del rompecabezas que ayudó a formar en esa parte del mundo, Estados Unidos vuelve a intervenir pero lo hace tarde, de modo insuficiente y en dirección errada. Caos, errores y doble moral parecen ser el saldo para el Irak de hoy.

 

Estados Unidos no aprende y parece que no quiere aprender. A pesar de las derrotas que ha sufrido en muchas partes del mundo por jugar al policía del universo sin entender las dinámicas locales, vuelve y repite los mismos errores. La opción de bombardear para resolver la compleja crisis iraquí es como tirarle piedras a un avispero.

En Somalia, en los años noventa, la arrogancia militar estadounidense frente a los Señores de la Guerra terminó en un gran fracaso inmortalizado en el libro ‘La Caída del Halcón Negro’. Allí, el gran pecado fue la arrogancia militar pues, luego de haber expulsado a Irak de Kuwait y ante el derrumbe del bloque soviético, Estados Unidos se erigió como el único líder mundial.

Después, en la década pasada, Estados Unidos empujó a Etiopía para que se metiera en la guerra de Somalia pero su apoyo se limitó a enviar armas, creyendo que la herramienta remplaza la estrategia. Lo cierto es que Somalia no ha logrado avanzar hacia la paz y la injerencia de Etiopía ha fortalecido a sectores radicales debido al nacionalismo creciente que aprovechan los grupos cercanos a Al-Qaeda, como es el caso de Al-Shabbab. Y el avispero somalí no ha tenido solución por el camino de las armas.

La opción de bombardear para resolver la compleja crisis iraquí es como tirarle piedras a un avispero.

El espejo afgano

El error de Etiopía se repitió en Afganistán en los años ochenta, cuando Estados Unidos se dedicó a armar a los yihadistas que habrían de convertirse en los talibán y en Al-Qaeda. Allí, Estados Unidos no pensaba en las dinámicas locales sino en clave de la Guerra Fría, y con tal de frenar el paso a los soviéticos justificó entregar armar a grupos radicales. El gran flujo de dinero y armas hizo que los musulmanes que pelearon en Afganistán dieran el salto de una guerra localizada contra la Unión Soviética a una guerra transnacional que es, precisamente, el planteamiento de los yihadistas de hoy.

La noción, desmentida hasta la saciedad, de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, ha hecho que Estados Unidos haya apoyado diferentes expresiones armadas que con el tiempo se han ido contra sus propios intereses. Algo parecido está sucediendo a algunos países del Golfo Pérsico que en su ciega pelea contra Irán han apoyado rebeldes sirios, acabando por servir al proyecto que hoy se conoce como el Estado Islámico.

Tanto en Irak como en Afganistán, la imposición de elecciones y gobiernos títeres a las agendas de Washington acabaron por socavar la poca esperanza en procesos democráticos. La formalidad electoral fue acompañada de fraudes electorales, exclusiones y ausencia de política social. Afganistán no despega, dirigido por unas élites salpicadas de corrupción y narcotráfico.


Cárcel de Abu Ghraib situada cerca de Bagdad.
Foto: Wikimedia Commons

 

 

 

 

 

 

 

 

Acumulación de errores

La política estadounidense hacia Irak ha incluido el bloqueo inhumano de los años noventa, la sangrienta invasión de 2003, una serie repudiable de torturas y asesinato de civiles, y un retiro acomodaticio que dejó el país en manos de élites sectarias y compañías petroleras.

El rechazo extendido de los iraquíes a Estados Unidos no es reciente sino que lleva décadas, fruto de una suma de errores que, de nuevo, sirve de legitimación a quienes estén dispuestos a quemar una bandera estadounidense, sin reparar en si se trata de un grupo chií o un grupo salafista.

El bloqueo de los noventa obligó al cierre del 60 por ciento de las fábricas y redujo la   Esperanza de Vida al Nacer de 65 a 59 años; la invasión de 2003 había dejado, tan sólo a octubre de 2006, más de 600 mil muertos por la guerra; las torturas de la cárcel de Abu Ghraib y otras muestras de trato inhumano siguen estando presentes en la memoria de los iraquíes.

En Irak, 2003, se inventaron que había armas de destrucción masiva y que Sadam Hussein tenía vínculos con Al-Qaeda, para acabar convirtiendo el país en un avispero que sigue siendo hoy en día. De hecho, el núcleo inicial del actual Estado Islámico (también llamado Califato) fue uno de los tantos grupos de resistencia que se alzaron en armas frente al ocupante en 2003.

Hoy, el revanchismo del gobierno iraquí de chiíes y kurdos, excluye política y socialmente a árabes-suníes que, precisamente, son la principal fuente de apoyo local al Estado Islámico, como se ha observado tanto en la región de Ánbar (al occidente) como en las regiones de Nínive y Saladino (al norte). Hay suníes que dicen temer más al ejército iraquí (que llaman ‘ejército de Malki’ en referencia el Primer Ministro chií) que a las milicias radicales.

La destitución del sectario Primer Ministro Al-Maliki calma los ánimos de algunos y por unos días, pero no los de todos ni a largo plazo.

Too little, too late…

Estados Unidos actúa muy tarde, muy poco, por razones incorrectas, sesgado y en la dirección equivocada frente al avispero iraquí. y tarde, porque existían muchísimas señales de que el islamismo radical venía creciendo en Irak desde hace años; muy poco, porque una acción militar aislada sólo fortalecerá ciertas simpatías hacia el Califato, alimentadas ahora en el antiamericanismo; por razones incorrectas, porque, de nuevo, se trata de proteger sus inversiones petroleras y no de la aparente protección de minorías perseguidas; sesgado, porque parte de un posible genocidio en Irak para justificarse, desconociendo el innegable genocidio que comete su aliado Israel en Palestina; y en dirección equivocada porque la vía militar no le ha dado resultados en Irak durante años.

Provocar un avispero, sin saber de avispas, es la mejor manera de aumentar el caos. Y el caos es precisamente lo que crece en Irak. Pero el avispero no se limita a Irak, sino que involucra a Siria donde el Califato también hace presencia combatiendo con los kurdos y ejecutando rebeldes del Ejército Libre Sirio, así como civiles; y a Líbano, donde las acciones de estos radicales van en aumento, especialmente en Ersal, pueblo cercano a la frontera y donde el Califato se enfrenta con Hizbollah y con el ejército libanés.


Soldados kurdos (Peshmerga) en Kirkuk, Irak.
Foto: Wikimedia Commons

La esperanza kurda

Los kurdos son la esperanza ante el avance radical, pero los choques recientes entre  soldados kurdos (conocidos como los Peshmerga) y el Estado Islámico han demostrado la capacidad militar de éste último que dejó más de 150 kurdos muertos y por lo menos 500 heridos en pocos días. Es además significativo que dos meses después de capturar Mosul, la segunda ciudad de Irak, los radicales mantengan sus posiciones y siguen capturando pequeñas ciudades.

Estados Unidos y la Unión Europea prometen armar a los kurdos, pero un ejército no se construye en un día. La entrada en escena de las guerrillas del PKK (Partido de Trabajadores del Kurdistán) podría mejorar el escenario en el lado kurdo. Pero ni solo enviar armas (como en Somalia) ni bombardear (como en Afganistán) es suficiente ni en la dirección más adecuada.

La destitución del sectario Primer Ministro Al-Maliki calma los ánimos de algunos y por unos días, pero no los de todos ni a largo plazo. Hoy algunos líderes suníes dan su apoyo al nuevo gobierno, como algunas tribus suníes que se han sumado a la lucha contra el Califato, pero eso será insuficiente si las políticas de inclusión no se expresan en cosas concretas.

La doble moral

Una mujer mayor me decía que bajo el gobierno de Sadam Hussein se vivía mejor y hoy muchos temen que la señora tenga razón.

El avance del Estado Islámico en Siria, sus ataques en Líbano y su afianzamiento en Irak, hicieron que hasta el Consejo de Seguridad de la ONU llamara la atención sobre la amenaza que representa el Califato, el mismo Consejo que legalizó tantos errores en Irak, como el embargo de los años noventa y el perverso programa de “Petróleo por Alimentos” donde  lo humanitario fue la excusa para apropiarse el petróleo iraquí.

Hoy la llamada comunidad internacional se preocupa ante el Estado Islámico, la misma que poco o nada dice sobre el drama palestino. La comunidad internacional que hoy se aterra ante el avance de un proyecto radical islámico, no dijo mucho ante la creciente islamofobia en Europa, la persecución a los árabes luego del 11 se septiembre de 2001, la ocupación ilegal de Irak, la imposición de gobiernos títeres allí y en Afganistán, la exclusión de minorías por dichos gobiernos títeres (como pasa con los suníes en Irak). Esa comunidad no quiere reconocer que la lógica de la guerra contra el terror, la islamofobia, la invasión a Irak, la discriminación a árabes, la exclusión de suníes y los gobiernos títeres son unos de los insumos para que el Estado Islámico hoy sea una amenaza.

En Erbil, Irak, hace pocas semanas, una mujer mayor me decía que bajo el gobierno de Sadam Hussein se vivía mejor y hoy muchos temen que la señora tenga razón.

 

Fuente:https://razonpublica.com/index.php/internacional-temas-32/7823-estados-unidos-y-el-avispero-de-irak.html